FRATERNITÈ

El Blog de José Blas Molina

Espléndida narración de don Antonio Villegas Glez., cuya lectura emociona como para poner los pelos de punta y… muy mala uva.

La he recogido de su blog EN ORÁN CIEN LANZAS

Se titula

INDEPENDENCIA

La tabernucha del pueblo hedía normalmente a velas de sebo, a vino rancio, a sudor y a puchero quemado. El suelo de serrín a aquellas horas …   LEER MÁS

Ver la entrada original

Patones, plan para el fin de semana

Imagen

Y como ya estamos a viernes y todos necesitamos de un espacio de relax en el fin de semana, os recomiendo un pueblo pequeñito situado en Madrid llamado Patones. Se trata de un pueblo declarado BIC por lo que se le otorga una máxima protección, esto quiere decir que no podéis acceder al centro del pueblo en coche, sino que debéis dejarlo en la entrada del mismo. Antes de aparcar tenéis dos opciones: hacerlo vosotros mismos subiendo una rampa bastante estrecha donde tendréis que esperar si bajan coches, o dárselo a un hombre que es “aparcacoches” del restaurante “El Rincón de Patones”. Nosotros preferimos aparcar por no tener “compromiso” con dicho restaurante sin ver los demás. Al final comimos aquí, os lo recomiendo porque son muy amables, te atienden perfectamente y los precios-mas o menos- son los que oscilan en la zona (20-35 € por persona) eso sí, sales de allí con el estómago tan lleno que no te apetece andar por el pueblo…Podéis encargar mesa en ese o en cualquier otro si os metéis en la pag. web del pueblo (http://www.patones.net/dondecomer.html).

¿Que podéis ver allí?, bueno, no os esperéis un tipo de visita “cultural”, es un poco mas naturista, es decir, os enamorareis de los paisajes, de las calles empedradas, de la arquitectura “negra”, de la antigüedad de sus parámetros…por lo que os recomiendo que vayáis con deportivas y, sobre todo, bien abrigados, allí hace un frió que “pela” como se suele decir.

Espero vuestras opiniones y si no vais a Patones (en una hora estáis allí), por lo menos este fin de semana no os quedéis en casa, la vida es corta y hay que aprovecharla.

Los misterios de la Plaza Mayor de Madrid

Situada en el punto de mira tras el “paradójico” discurso de la alcaldesa de la villa, la Plaza Mayor de Madrid se erige como uno de los emplazamientos destacados para todos aquellos que visitan la capital y, como no, para lo que habitamos en ella.

Quién de vosotros no ha paseado por la plaza empedrada; quién no ha recorrido los soportales de la misma y se ha detenido ante los escaparates de los comercios que recorren su contorno; quién de vosotros no ha recuperado fuerzas con un excelente bocadillo de calamares. Estoy segura de que la mayoría de las personas que estáis ojeando estas líneas habéis respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas pero, de lo que también estoy segura es de que muchos de vosotros no conoceréis las múltiples funciones, hechos y acontecimientos que giran en torno a su historia.

Con más de seis siglos de vida lo que hoy se conoce como Plaza Mayor nació de la confluencia de dos caminos entre la Calle Toledo y la Calle Atocha. Por aquél entonces era por todos conocida como Plaza de los Arrabales (pinchar en el enlace si queréis ver su origen en un mapa) por estar situada en las afueras de la muralla medieval. En ella se disponían las ventas de todo tipo de alimentos, instrumentos y enseres necesarios en aquella época,es decir, se constituía como un espacio donde se regulaba el comercio y el mercado de la zona.

A lo largo del siglo XVI la villa fue ampliando y consolidando su estructura a manos de las ordenanzas de los Austrias. Todo su tramo urbano se amplió y la plaza quedó integrada en el nuevo trazado de la muralla. Poco a poco su estructura se consolidó, primero con los trazos del arquitecto Juan de Herrera en esta centuria y, finalmente para acabar bajo los diseños de Juan Gómez de Mora a inicios del siglo XVII. Es en este centenario cuando emerge la estructura rectangular que hoy conocemos.

Pero sólo diez años más tarde, la plaza sufrió su primer incendio debido a los hornos que se encontraban en el edificio más antiguo de la plaza, el de la Casa de la Panadería (que se constituyó como la tahona más importante de todo Madrid). Con el fin de solventar futuros problemas, se decidió sustituir el material de las cubiertas que eran de madera, por plomo. Sin embargo al cabo de cuarenta años, la Casa sufre un nuevo incendio y se reconstruye pero, como se suele decir “no hay dos sin tres”, a finales del siglo XVIII es presa de las llamas un tercio de la plaza. Los conocidos arquitectos Sabattini y Villanueva entran en juego y deciden rebajar la altura de la construcción y delimitar el acceso a través de las arcadas que hoy conocemos, gracias a ello la plaza no volvió a ser presa de las llamas. Las últimas incorporaciones se realizarían ya en el siglo XIX con la ubicación de la estatua ecuestre de Felipe III y, la posterior decoración de la Casa de la Panadería en el siglo XX utilizando para ello una iconografía basada en la mitología clásica.

Pues bien, nueve son las entradas que te permiten acceder a la plaza ( pincha aquí) pero la más conocida de ellas es la de “Los Cuchilleros”, cuyo nombre proviene de la profesión que se desarrollaba en la calle donde desembocaba este acceso. Pero ¿que ocurría en esta plaza?. Muy alejada de la visión actual, el enclave porticado ha estado al servicio de multitud de actividades un tanto lúdicas, como los espectáculos populares,la beatificación del Patrón de Madrid, las corridas de toros (la última celebrada en el siglo XVII), los mercados (como el que se realiza todos los domingos por la mañana de filatelia y numismática o el de Navidad que se remonta a 1860) como otras mas funestas, ya que el recinto se convirtió en el lugar idóneo para practicar ejecuciones y autos de fe. Hoy día su historia queda marcada visualmente en las basas de las farolas que alumbran la plaza, como os muestro en la imagen del post.

Las ejecuciones tenían una especie de “patrón” a seguir dependiendo del nivel social al que pertenecieras. Si eras un noble, morías degollado frente a la Casa de la Panadería; si por el contrario eras un delincuente o pertenecías a la clase baja, eras juzgado a sucumbir bajo el garrote vil frente a la Casa de la Carnicería (frente a la de la Panadería). Para el resto de los casos se optaba por la horca en el desaparecido Portal de Paños (zona occidental izquierda de la Plaza), sin embargo esta práctica quedó abolida por Fernando VII y las penas quedaban reducidas al degollamiento y al garrote vil.

Lo que más me ha sobrecogido al indagar sobre la Plaza Mayor, es el último auto de fe que se celebró allá por el año 1630 en el que perecieron 118 almas. Algunos no sobrevivieron a las torturas impartidas tras ser “interrogados” por el Tribunal de la Inquisición (curiosamente hoy día el lugar donde se erigía, emplazado en la Calle Torija, constituye el hogar de las monjas de clausura Reparadoras que paradójico, ¿verdad?)  por lo que se portaban en procesión sus nombres a la hora de llevarse a cabo el auto; otros perecieron bajo las llamas de la hoguera y los restantes fueron estrangulados por garrote vil, fijaros de nuevo en la imagen del post.

Existe un cuadro que representa este último auto y un escrito que expone literalmente todo lo que ocurrió ese día (pincha aquí). Os invito a que todo aquél que visite este post me responda a una sencilla pregunta:

¿Queréis conocer todo lo que hay detrás de este cuadro?

SI

NO

Dependiendo de vuestras respuestas os haré partícipes de lo que ocurrió ese día y entonces os hablaré de los túneles que se esconden bajo vuestros pies cuando llegáis a las inmediaciones de la Plaza.

Licencia Creative Commons

Sin más me despido de vosotros y os doy de nuevo las gracias por visitarme.

La Calle Huertas de Madrid, su cementerio y lo que en él ocurrió

Estoy mas que segura de que seáis o no vecinos de la villa de Madrid, conocéis la Calle Huertas por sus bares, restaurantes y pub que la cubren de cierta “fama”. Yo, si os soy sincera, no soy muy amiga de este tipo de sitios pero si de las leyendas que se esconden tras ellas y esta calle, al igual que ocurre con muchas otras, tiene mucho que contar.

Antes de iniciaros en la historia que he rescatado del olvido os quiero indicar como llegar a la calle, la verdad es que es muy fácil. Si preguntáis a cualquier transeúnte os podrá indicar pero prefiero dejaros una imagen de como llegar.

ImagenYo me bajé en Atocha, subí por el camino del Prado, comí en un restaurante en la Plaza de la Platería (“La Tapería”), subí todo recto y llegué a la calle. Desde aquí tienes que recorrer toda la calle hasta llegar al número 2, el lugar donde ocurrió toda la historia que os quiero contar. Vale- diréis- y que me voy a encontrar en el número 2. Nada mas y nada menos que un invernadero llamado “El Jardín del Ángel”. Es un lugar muy especial que sobrevive en la zona como si fuera un espacio a temporal, impoluto y lleno de magia. Yo soy una apasionada de las plantas, los huertos, las cosas hechas a mano o, como hoy se suele decir, “hand made” y aquí podéis encontrar desde las mas bellas flores (mis preferidas son las Anastasias), con complementos elaborados artesanalmente, huertos para las modernas terrazas…todo ello se distribuye en un enclave mágico que se organiza en dos espacios: uno al aire libre, que recibe al visitante con un enorme cartel que reza “no dejes de soñar” y con un árbol del que pende un columpio a cuya izquierda encontraremos un pequeño espacio cubierto “protegido” por diferentes amuletos que cuelgan y repiquetean gracias al juego del viento; y otro espacio cubierto dedicado a la tienda. Allí unos dependientes muy amables aguardan para atenderte y aconsejarte, mi incansable compañera de arte y yo nos quedamos encandiladas con multitud de objetos (yo quedé prendada de un quinque a por el que volveré) y no nos marchamos del lugar sin adquirir dos narcisos y una camelia.

Pero os preguntaréis, sí, vale trasloqueves ¿y?, ¿que tiene de especial?. Además de lo especial que ya es el lugar, este invernadero fue uno de los cementerios mas famosos de todo Madrid, en él fueron enterrados personas tan relevantes como Lope de Vega o Cervantes, en la iglesia de la que formaba parte (San Sebastián) fueron bautizados seres famosos por sus fechorías como Luis Candelas o por sus maravillas artísticas como el pintor Luis Madrazo y se convirtió en el escenario perfecto para albergar los casamientos de Bécquer con Casta Estéban o de Buero Vallejo con Victoria Rodriguez.

Mmm…”el amor” ese gran sentimiento que aturde los sentidos, que te convierte en un “pelele” y que te hace, en ocasiones, llorar de felicidad…éste y no otro es el verdadero protagonista de la historia que os quiero contar. Muchas fueron las personas ilustres que vivían en esta zona de Madrid conocida como “El Barrio de las Letras”, una de ellas se llamaba José Cadalso, famoso dramaturgo y militar que, cierto día, se enamoró de una joven y preciosa actriz llamada María Ignacia Ibáñez. Ambos vivieron un gran romance enfrentándose a amigos y familiares que no veían con agrado dicha relación, por lo que únicamente pudieron ser amantes hasta el día en que la fría y segura muerte arrebató la vida a María que contaba con 25 años en los brazos de su amado a causa del tifus. Cadalso, muerto en vida, sumido en una profunda pena, cuenta la leyenda, acudió a dicho cementerio para desenterrar el cuerpo de su amada con sus propias manos para darle su último adiós. Digo “cuenta la leyenda” porque dicha situación se narra en una carta anónima escrita en 1791, en ella, además se narra como Cadalso fue expulsado de la Iglesia por unos espías del conocido “Conde de Aranda”, el eterno rival de nuestro Cadalso por el amor de María (si deseáis indagar más en esta preciosa historia, os recomiendo el trabajo de Jose María de Jaime Lorén “María Ignacia Ibáñez: actriz oriunda de Fuentes Claras y musa de José Cadalso”)

Cadalso no dejó a su María en el olvido y se convirtió en la protagonista de multitud de sus obras como podréis leer en “Noches Lúgubres”-conservado hoy en el Museo Lázaro Galdiano- o en diversos poemas donde la convierte en un personaje de su pluma bajo el seudónimo de Filis.

Poco a poco fue ascendiendo en su carrera militar y el destino decide arrebatarle la vida un 27 de febrero de 1782 a causa de un impacto en la sien.

Y todo ocurrió aquí, en Madrid, en una calle conocida por los bares y los restaurantes, donde la gente sale y se dedica a discurrir por sus páramos sin percatarse que cada “x” metros existen placas conmemorativas de personajes que, como ocurre con Cadalso, tienen mucho que contar. Espero que esta entrada os haya interesado y que visitéis este enclave y su iglesia que conserva uno de los archivos más importantes de todo Madrid, pero esa ya es otra historia que os contaré.

Gracias por leerme y espero que me compartáis, amigos.

Licencia Creative Commons

<a rel=”license” href=”http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/deed.es”><img alt=”Licencia Creative Commons” style=”border-width:0″ src=”http://i.creativecommons.org/l/by-nc-nd/3.0/88×31.png&#8221; /></a><br />Este obra está bajo una <a rel=”license” href=”http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/deed.es”>LicenciaCreative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported</a>.

Las furias ¿una imagen vale mas que mil palabras?

Imagen

Hace bastantes días que tengo abandonado este pequeñito espacio donde os presento diversas piezas de arte y su mensaje oculto. Hoy quiero centrarme en una visita que he realizado con mi inseparable “compañera de inquietudes artísticas” a uno de mis museos preferidos, el MNP. Como miembro de la fundación “Amigos del MNP”, consigo a lo largo del año diversas entradas. Debido al trasiego de la inesperada vida que llevo, la entrada a la exposición de las Furias estaba algo apartada por lo que decidí que debía ir a ver esta exposición lo antes posible. Conocía la temática, los artistas que estaban expuestos y la curiosidad me invadía pero he de decir que el resultado final fue algo…inesperado, ahora mismo os digo el por qué.

Para los que no conocéis la historia de “Las Furias” os comento un poco por encima la temática: como ocurre en la mayoría de las religiones, existe un espacio donde moran las almas piadosas y dignas de descanso, por todos conocidos con nombres como el “cielo” y, en contraposición, otro donde quedan condenados todos aquellos que no son merecedores de tal descanso, “el infierno”. Pues bien, la cultura greco-latina ya compartía esta opinión de “cielo-infierno” pero a este último lo denominaban “El Hades”, en él multitud de condenados sufrían torturas eternas por-normalmente- desafiar a algún Dios, algo-y esta es mi opinión- un tanto “fácil” ya que la diversidad de divinidades en el Panteón greco-romano hacía que por uno u otro motivo los dioses, recipientes repletos de defectos humanos, condenaran a cualquier ser humano.

Las llamadas Furias eran los cuatro eternos condenados del Hades, a saber:

1. Ticio cuyo castigo se repetía incesantemente cada noche cuando un buitre se comía su hígado, a lo largo del día siguiente éste se reconstruía para que al caer la noche el buitre volviera a alimentarse. El por qué de semejante castigo se debe a que intentó violar a una amante de Zeus, pero no os penséis que es en compensación a la barbarie que pudo haber efectuado a esa pobre mujer, sino por haber faltado a un Dios.

2. Tántalo condenado a estar rodeado de alimentos pero sin poder acceder a ellos por el aberrante delito de haber servido de festín a su hijo en uno de los banquetes a los Dioses.

3. Sísifo, el pobre Sísifo, que es torturado por toda la eternidad a subir una enorme piedra a lo alto de una montaña, todo esfuerzo inútil ya que ésta vuelve a caer. El motivo, revelar las infidelidades de Zeus- que ya os digo yo que son unas cuantas-.

4. Ixión, condenado a dar vueltas en una rueda por intentar seducir a la mujer de Zeus, Hera. Que curioso Hera es representada como  una diosa celosa y posesiva que persigue a todas las amantes de su marido y hermano Zeus y a sus descendientes y para un hombre que la intenta seducir…

Pues bien, mas o menos, aquí tenéis explicada la temática de la exposición, ahora nos queda embarcarnos en el titulo del post, como comúnmente se suele decir “la miga”, recordemos pues el título ¿Una imagen vale mas que mil palabras?. Como os he estado mostrando hasta ahora, las piezas de arte que hoy podemos observar en los museos, galerías y demás instituciones culturales no están contextualizadas, es decir, su origen no era el de pertenecer a una colección publica, ni a que cualquiera pudiera verlo, todo tenía un mensaje, una razón de existencia, un por qué. En el caso de las furias tenemos que adentrarnos en la figura de una mujer, Maria de Hungría, la hermana de Carlos I de España V de Alemania hijos, ambos, de Juana “La Loca” y Felipe “El Hermoso”.

Pero ¿quien es Maria de Hungría?, a su hermano lo solemos conocer, el Gran Carlos I, pero ¿que ocurre con Maria?. Su vida es totalmente apasionante, si queréis conocer algo más sobre su biografía os recomiendo un libro de Joseph Pérez, catedrático de la Universidad de Burdeos (Francia), pero os voy a ir abriendo boca. Hija de Juana de Castilla y Felipe es una de los seis hijos que tiene este matrimonio sin embargo casi no pudo conocer a sus padres ya que, prontamente, marcharon a Castilla para recoger la Corona por lo que la educó su tía Margarita en Flandes. A los 10 años ya estaba comprometida y se casó con 18, cuatro años duró su matrimonio y nunca volvió a casarse. Recia, fuerte, digna de una corona, nuestra protagonista fue defensora ferviente de su hermano y de la fe católica, tanto es así que hasta el mismísimo Erasmo de Rotterdam la consideró “la princesa mas digna de los elogios de su tiempo”. Pues bien, es ella quien manda encargar al mismísmo Tiziano estas Furias para exibirlas en el Palacio de Binche, en Bélgica pero ¿Por qué?, volvamos ahora al inicio de la creación de este post y, por ende, a la idea de que el arte se hacía con un propósito muy distinto al que hoy en día sirve.

María encargó estas piezas en 1548, un año después de que su hermano ganará la batalla en Mühlberg (actual Brandeburgo) pincha aquí para ver a Carlos V como vencedor, para identificar a los príncipes alemanes que osaron enfrentarse a su hermano en esta batalla. Cada persona que se adentrara en el castillo quedaba sumamente impactado por esta serie de cuatro enormes cuadros cuya misión era la de representar el horror, el sufrimiento y la agonía de aquellos que estuvieran, siquiera pensando, en traicionar a la corona y a su hermano, el Emperador. Este fue el origen primordial de el nacimiento de este encargo, a lo largo de los años fueron adquiriendo diversos ápices, pero siempre, siempre, las manos creadoras de los artistas fueron mostrando al público el “genio” que los invadía, los retos que les suponía representar cuerpos y facciones retorciéndose de dolor, etc.

La exposición no es muy grande, únicamente consta de 28 obras expuestas que abarcan los siglos XVI-XVII distribuidas en cinco secciones, al final de las cuales podéis disfrutar de un breve vídeo explicativo de la exposición, a mi parecer muy recomendable. Miguel Angel, Tiziano y un impresionante Ribera, entre otros, os invadirán las retinas con imágenes, en algunos casos, un tanto desagradables. Id a visitarla, disfrutar de una exposición donde quedan patentes sentimientos tan humanos como el horror, el miedo y el sufrimiento. Ya os advierto que no será difícil, porque la inmensidad de los cuadros y el maravilloso uso de la luz para destacar, únicamente, lo que quieren los artistas, os harán salir de esta exposición un poco…como lo diría…”angustiados”.

Espero que me hagáis caso y disfrutéis de estas obras que estarán expuestas hasta el 04 de Mayo, sin mas me despido esperando que participéis en los comentarios.

Gracias!!

Licencia Creative Commons

<a rel=”license” href=”http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/deed.es”><img alt=”Licencia Creative Commons” style=”border-width:0″ src=”http://i.creativecommons.org/l/by-nc-nd/3.0/88×31.png&#8221; /></a><br />Este obra está bajo una <a rel=”license” href=”http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/deed.es”>LicenciaCreative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported</a>.

LO QUE MOLINA ME CONTÓ

El Blog de José Blas Molina

El Motín de Aranjuez le llaman. Y buena fue la que armamos en ese Real Sitio todos los que allí nos presentamos. Fue el 17 de marzo de 1808. Las calles de la localidad nunca vieron tanta gente, pero buen contento que tuvieron los pocos figones y tabernas de allí, que bien tuvieron que arrebañar en las tinajas de sus cuevas, para servir vino a tanto madrileño sediento.
Ya santo de qué tanto barullo. La verdad es que descontento había, pues desde la derrota de Trafalgar, a los que vivíamos con el sudor de nuestra frente, no nos bastaba con partirnos el lomo para llevar un poco de pan a casa. Pero ahora que veo aquellos días con la distancia que dan los años pasados, y los cumplidos, la verdad es que había mucho noble que no brincaba de alegría con las ocurrencias de ese endemoniado menistro de nuestro Rey. Además…

Ver la entrada original 434 palabras más