DESCUBRIENDO MONTELEÓN

El Blog de José Blas Molina

Ruidoso como siempre, apareció Molina, El Cerrajero. Según iba sorteando las mesas saludaba a cada uno de los parroquianos que a esa hora atestaban la taberna. Una palmada en la espalda de uno, una confidencia al oído de otro, así hasta alcanzar la mesa donde yo estaba. En seguida, se dio cuenta de que ya había recogido mi tabaco, y alcanzando el sombrero de dos picos para marcharme. Sin afectarse por ello, Molina extendió una mano que frenara mis intenciones, y alargó la otra para coger el taburete en que iba a sentarse.

            – No tenga tanta prisa, mi teniente, que quiero contarle lo que hoy me ha ocurrido -me dijo.

Mont1Le explique que ya se me hacia tarde, pero ignorando lo que le decía me aferró el brazo que apoyaba sobre la mesa, y comenzó a contar su historia

            – Iba yo esta mañana por la calle Fuencarral, cuando…

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